top of page
Buscar

Es como si quisieras borrarle el azul a la nube

  • Equipo de Comunicación
  • 17 ene
  • 2 Min. de lectura

Llevamos décadas escuchando y sintiendo la perversa frase de que cuando los hijos son buenos es por la genética, pero si son malos es por culpa de los padres.


Este sofisma caduco, propio de una época sin razonamiento ni luz, nos ha secuestrado el otoño, al más puro estilo invernal bajo cero. Nos deja sin argumentos porque asesina el argumento propio de la lógica. Vivimos el tiempo de la ignorancia de ese cóctel de la genética y la educación, que a veces da borracheras insospechadas, nos rompe los esquemas y sufrimos resacas desconocidas pero asumidas como normales. 


Y es que, mientras el sistema asuma como un éxito la retirada de la tutela a unos padres, perpetuaremos la tortura como consecuencia lógica. Cuando llegamos al punto de romper el vínculo paternal y maternal, y que eso nos parezca bueno y positivo, estamos perpetuando el dolor como fruto social. Necesitamos, para dar otro fruto, que sea deseado y pleno, entender que cuando se produce la retirada de la tutela a unos padres, es porque ha fallado todo a su alrededor. Han fallado ellos como padres, han fallado los sistemas educativo y social, ha fallado el sistema judicial y las estructuras vecinales que antaño evitaban tragedias semejantes, y, tristemente, y a veces, irremediablemente, ha fallado la familia. Pero si, además, los niños sienten como un castigo la nueva situación, no es un fallo, es triste y llanamente tortura. 


Nos preguntamos no sólo por qué no se nos tuvo nunca en cuenta, por qué el criterio de aquella parte feliz de la infancia de los niños, nunca fue importante, por qué no contemplar el camino de en medio, o por qué no cuestionar lo menos malo como alternativa única. 


Seguimos siendo, después de casi 40 años, las sospechosas, las radicales, las peligrosas… Seguimos siendo, y muy orgullosamente, las que tomaron todas las medidas desde el amor profundo a los niños y niñas, con las exigencias de un sistema que cuando llega tarde se proclama el vencedor de la situación sin saber si habrá éxito, pero nunca se cuestiona que llega tarde, y que, quizás, con la atención y unos recursos mínimos, habría conseguido erradicar todas las lacras en la familia de origen; y ellos, estos niños y niñas del presente, serían felices, fruto de niños del pasado a los que se les habría evitado un calvario de infancia. 


Tras tantos años, y tantas luchas, nos seguimos conmoviendo con las retiradas de los niños y niñas, y seguimos observando con estupor, como la infancia se convierte en un valioso tesoro, una pertenencia, a veces robada, de la que todos se sienten deudores en papel mojado.


Isabel Guirao Vives, trabajadora social de Coordinadora de Barrios de Alcantarilla,

que lleva desde 1995 trabajando para las familias del barrio

 
 
 

Comentarios


bottom of page